3 mar 2010

La pelea de los oscar


Ya se acerca la ceremonia de los Oscar, y debido al revuelo que siempre se monta por los estilismos de los invitados, me parece oportuno comentar como afecta este desfile a las firmas de moda, que cada gala luchan por dar ese toque de diferenciación y glamour a los mejor vestidos.

Cada año, en torno al debate sobre el talento cinematográfico, se abre una discusión paralela: la que señala a las peor y mejor vestidas de la gala. Si al día siguiente de la ceremonia buscas información seguramente te encontraras con más publicaciones que hacen alusión a los estilismos, que al merecimiento o no del Oscar por parte de los premiados.

Hasta los 80 no llega a la gala de los Oscar lo que hoy conocemos como el glamour de las estrellas, en las décadas anteriores las joyas, las pieles, los vestidos eran proporcionados por los estudios cinematográficos. Fue Giorgio Armani el que comenzó a vestir a las invitadas a la gala. Para los años 90 todos los diseñadores se habían dado cuenta de las claras ventajas en cuanto a publicidad y repercusión mediática de vestir a las estrellas, y se montó una verdadera guerra de firmas de moda que se mantienen hasta hoy. Todos los diseñadores se dieron cuenta de que valía la pena invertir tiempo y dinero en la alfombra roja. ¿Significa esto que tras lucir en 2002 Nicole Kidman un Chanel rosa palo subieron las ventas de perfume de Chanel? Pues sí, significa eso mismo.

Lejos de las grandes pasarelas de la moda internacional, la alfombra roja de Hollywood es uno de los mejores escaparates para diseñadores y grandes firmas, que se toman el pulso en la ceremonia de entrega de los Oscar. Como percha, lo más selecto y glamouroso del panorama cinematográfico actual.

1 comentario:

  1. El fenómeno de los mass media no tardó en hacer eco de las Star Sistem que revolucionaban el cine allá por los años 50. El glomour envolvía aquellos estrenos que quedaban iluminados por las luces parpadeantes de los incipiantes reporteros gráficos. Era una revolución audiovisual que agitaba de forma paralela las grandes firmas que pisaban por primera vez la alfombra roja. Así, se creaba un ambiente de ensueño y princesas que hacían alarde de sus lujosas prendas. Comenzaba el consumismo y el público adoraba a aquellas protagonistas de melenas relucientes que brillaban allá por donde pasaban.

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